El 3 de enero de 2026, Estados Unidos y Venezuela entraron en una fase de máxima tensión tras una operación militar estadounidense que, según reportes de medios y agencias, incluyó ataques y la captura del presidente Nicolás Maduro.
Más allá del impacto geopolítico, hay un ángulo tecnológico que dispara preocupaciones inmediatas en el Caribe, la conectividad internacional. Para los cubanos —dentro y fuera de la isla—, cada crisis regional reabre una pregunta práctica: “¿y si mañana Cuba se queda sin internet?”
El internet en Cuba ya de por sí suele ser lento e inestable, así que una escalada externa no “crea” el problema, pero podría empeorarlo aún más.
Por qué una escalada puede empeorar aún más el Internet del cubano
Los cubanos ya viven con la realidad de un Internet que suele ser lento, con picos, y con cortes. En ese contexto, cualquier presión adicional —por congestión, rutas internacionales menos eficientes, retrasos o problemas operativos— puede sentirse como una “segunda capa” de dificultad sobre una situación ya limitada.
Y eso no se queda en lo técnico, se convierte en impacto directo sobre la vida diaria:
Trabajo: Freelancers, negocios, estudio soporte, ventas por redes):
Si el Internet se degrada más, lo primero que sufre son las tareas que dependen de estabilidad: Trabajo, estudio, atención al cliente. El resultado es simple, se pierde tiempo, se pierde confianza y se pierden oportunidades.
Familia (comunicación con el extranjero):
Para muchísimos cubanos, el Internet no es solo ocio: Es familia; y su único modo de saber de su familia al otro lado del mar.
Una escalada regional puede no “apagar” el internet para Cuba, pero sí puede añadir más inestabilidad a un entorno que ya es frágil, y eso se traduce en algo muy concreto: Menos productividad, más incomunicación y más obstáculos para estudiar y trabajar.
Por qué Cuba y el cable ALBA-1 entran en la conversación
Durante años, el cable ALBA-1 (conecta Cuba–Venezuela–Jamaica) fue el símbolo de la salida de Cuba al mundo por fibra óptica submarina, es un sistema de unos 1,860 km, anunciado en 2007, completado en 2012 y con tráfico activo desde 2013.
Esto explica por qué, ante turbulencias en Venezuela, muchos cubanos piensan de inmediato en ALBA-1, si su operación se ve afectada, la conectividad puede resentirse.
Cuba no depende solo del cable ALBA-1 (Cuba–Venezuela); también tiene otra ruta internacional por el cable Arimao (Cuba–Martinica).
Arimao (Cuba–Martinica): la ruta “B” que cambia ligeramente el mapa
El cable Arimao se concibió precisamente para diversificar las salidas internacionales de Cuba conectándola con Martinica (territorio francés con acceso a varios corredores regionales y transatlánticos). El proyecto fue anunciado como un acuerdo entre ETECSA y Orange en diciembre de 2022 y comenzó a moverse entre despliegue y pruebas en 2023.
Y, según declaraciones atribuidas a ETECSA en 2025, Arimao ya habría entrado en operación y habría incrementado la capacidad internacional disponible. Esto no significa “Internet garantizado” (la realidad cubana también depende del frágil escenario eléctrico), pero sí implica algo muy importante: Si un enlace sufre, existe la posibilidad de redirigir al menos parte del tráfico por el otro (según capacidad y políticas de red).
ETECSA ha reconocido que, aunque el enlace internacional ha crecido, la calidad percibida puede seguir limitada por la infraestructura interna (radiobases, plataformas) y también por problemas energéticos, que impactan directamente la estabilidad de la red. Dadas las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela —y la línea dura anunciada por Washington sobre el petróleo y Cuba— el escenario se vuelve más delicado, si se restringe aún más la salida de crudo/combustibles desde Venezuela, Cuba podría enfrentar más escasez de combustible, lo que se traduce en más apagones y, por efecto dominó, peor Internet (antenas y radiobases fuera de servicio por falta de energía, congestión cuando regresa la corriente y la gente se conecta a la vez).
Arimao podría sostener conectividad y evitar un “apagón total” en Cuba en un escenario duro, pero con la información pública disponible hoy, no se puede afirmar que “reemplazaría” ALBA-1 al mismo nivel.
